dimarts, 20 de maig de 2014

55.- Ante el retrato de mi esposa.


.
Después de quince meses de no verte
más que en mis sueños –pálida ilusión!-,
de pensar en mi suerte y en mi suerte,
de no poder juntar nuestra emoción
de no sentir, en la inquieta calma
de tu abrazo, tu pelo palpitar,
de verte con los ojos de mi alma
y de encontrarme solo al despertar,
tu retrato me alegra y me consuela
y despierta en mí un eco muy sutil
del placer de mirarte, y a ti vuela
el recuerdo de un claro mes de abril!
Tu rostro, tu cabello, tu mirada,
todo tu cuerpo –oh resurrección!-
resurgen nuevamente, y asombrada
resucita también mi admiració!
Mas creo adivinar cierta tristeza
y veo en tu semblante, en tu expresión,
algo que rima mal con tu belleza…
¿o es la tristeza de mi corazón?
Tus ojos grandes, bellos, ¿han perdido
la fiereza, el brillo y el ardor?
¿Os es tal vez que en los míos no he sentido,
hace tiempo, la llama de tu amor?
Su clara luz mi corazón no llena
y su ardor no me hace suspirar…
¿O es que te veo aún, virgen morena,
y aquel placer aumenta este penar?
Se me ha nublado el cielo de tu frente,
se me ha apagado el sol de tu mirar…
En mis tinieblas te amo inmensamente
y por tu amor es dulce mi llorar.
...
Tus labios me sonríen con dulzura,
su recuerdo me llena de emoción…
Y tu boca contemplo con ternura,
¡si no puedo besarla con pasión!
Tus brazos, que mi cuerpo han abrazado,
ahora quietos no vienen hacia mí…
Sin tu abrazo, ¡qué solo me he quedado!
¡Te querría abrazar con frenesí!
¡Ámame siempre como yo te amo!
¡Tan lejos, sigues siendo mi ilusión!
Oh, siempre, siempre, con ardor exclamo:
¡Junto al tuyo estará mi corazón!

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada